Pátina como legitimación. Unos aspectos semióticos de arqueología industrial como cuestión de interiorismo.

Patina as Legitimacy. Some Semiotic Aspects of Industrial Archaeology as an Interior Design Question.

Centineo, S.

POLIBA - Polytechnic University of Bari

Retirado de: http://convergencias.esart.ipcb.pt

RESUMEN: Moda o tendencia que sea, en estos últimos años la arqueología industrial ha determinado la recuperación de numerosos manufacturados industriales abandonados, herencia del fin de las distintas revoluciones industriales. Este fenómeno, que tiene fuertes implicaciones económicas y sociales, gira al alrededor del concepto de pátina, imprescindible huella del empleo y del tiempo, que hoy en día (no sólo en la arquitectura de interiores, sino también en el amueblamiento y en la moda) determina fenómenos no siempre de naturaleza arquitectónica, para valorar los cuales hace falta recurrir a la ayuda de otras disciplinas.

KEYWORDS: arqueología industrial, pátina, revolución industrial, loft.

ABSTRACT: Sometimes considerable as a fashion or trend phenomenon, in these last years the industrial archaeology has determined the recovery of several forbidden industrial buildings, cultural heritage of the end of the different industrial revolutions. This phenomenon involves strong economic and social implications, and revolves around the concept of patina, indispensable witness of the use and of the passage of time, that nowadays (and not only in interior design but also in furnishings and fashion) determines not only architectural phenomena, but also new ones to evaluate which it is necessary to resort to other disciplines, such as economics or semiotics.

KEYWORDS: industrial archaeology, patina, industrial revolution, loft.

En poco más de un siglo y medio de historia se han alternado numerosos acontecimientos que hemos clasificado con el nombre de revoluciones industriales. Por definición, la palabra ‘revolución’ se refiere a unos acontecimientos de alcance extraordinario que aportan cambios radicales en la concepción de vida a nivel global. Y siempre que estos eventos se han repetido frecuentemente en un estrecho intervalo de tiempo, como en el caso de los conflictos mundiales, ha habido la necesidad de numerarlos. En el caso de las revoluciones industriales esta numeración ha progresado de una manera muy rápida, engendrando una cantidad de patrimonio inmobiliario a predominante destino industrial que ha conocido la obsolescencia en muy poco tiempo (BRANZI 2006). Pero mientras en el paso de la primera a la segunda revolución industrial ha habido a disposición un periodo de tiempo congruo para desarrollar hipótesis proyectivas sobre este patrimonio industrial en desuso, en las etapas siguientes, justo a causa de la rapidez del fenómeno, no han sido desarrolladas hipótesis lógicas ni mucho menos cuidadosos pensamientos sobre de ello. De hecho las que comúnmente se han realizado son planes o estrategias de acción, más que auténticos proyectos (AUDIS 2013).

La tendencia general se divide por lo tanto en dos distintas líneas de acercamiento, respecto a las cuales no ha sido formulado todavía un planteamiento teórico arquitectónico, sino sólo intervenciones puntuales, difundidas y además muy diferentes entre ellas, por lo menos desde un punto de vista formal.

Durante los últimos años las disciplinas urbanísticas y territoriales han explorado abundantemente la potencialidad de este patrimonio inmobiliario, efectuando exploraciones, censos e inventarios, llegando a unas conclusiones sobre la oportunidad que podrían representar en políticas territoriales de vasta escala (ELVIRA 2003, SEDIA 2005).

FIG. 1 – Gaetano Moretti (1860-1938) - Central Hidroeléctrica de Trezzo d’Adda (Milán), exquisito ejemplo de arqueología industrial del Modernismo italiano (1906), hoy reconvertido en museo.


Esta cuestión se entrelaza con muchos asuntos de naturaleza económica y estimativa. Y también por estos aspectos, sobre los que ahora no es oportuno alargarse, es necesario distinguir, como antes, una diferencia básica entre el acercamiento al patrimonio resultante del fin de la primera revolución industrial y aquel resultante del fin de las demás.

FIG. 2 – La Central Termoeléctrica Montemartini, la primera central para la producción de electricidad para la iluminación pública en Roma (1900), reconvertido en sede museística arqueològica de los Musei Capitolini (desde el 1997).

 

De hecho en el primer caso nos encontramos frente a un patrimonio que en origen fue situado en periferia, pero que hoy en día se encuentra muy a menudo incluido en los tejidos urbanos, a veces hasta en posiciones centrales. La mayoría de las veces estamos frente a edificios de alta calidad artística y arquitectónica que por una buena razón representan un hito en la historia de la arquitectura (DEZZI 2004).

Al revés, en el segundo caso nos encontramos frente a un patrimonio que sigue encontrándose en zonas de la ciudad a lo mejor ya no periféricas, pero indudablemente tampoco centrales.

En este caso estamos comúnmente hablando de edificios industriales bastante groseros, a menudo muy degradados, que han sufrido modificaciones durante muchos años, pero que sin embargo representan hoy en día potentes recursos para el desarrollo y el relance económico de enteros barrios periféricos y partes de ciudad (GRECCHI 2008).

 

FIG. 3 – Renzo Piano – Auditorium “Niccolò Paganini” en Parma, resultado de la reconversión de una azucarera Eridania en desuso en edificio musical, 2001.

 

En estas páginas no resulta fundamental discutir de lo que en las teorías estimativas es  normalmente visto cómo la diferencia sustancial entre el aproche estimativo cualitativo y cuantitativo (KHAKEE 2003, HOGAN/DOLAN/DONELLY 2009), aunque en los años venideros esta diferencia será cada vez más nota y, junto a las cuestiones ambientales, asumirá importancia creciente.

Por lo que nos concierne ahora, podemos constatar que la mayoría de los proyectos sobre la primera parte de patrimonio, la que se ha engendrado con el fin de la primera revolución industrial, ha visto como categoría de intervención principal la transformación en museos o por lo general en edificios culturales (CENTINEO, 2005).

 

FIG. 4 y 5 – Franco Fusari, Marina Gariboldi, Sergio Manzone, Giovanni Oggioni, Giulia Sarti - Fonderie Teatrali Limone, proyecto de reconversión de una fundición metalúrgica en una “fundición teatral” en Moncalieri (Turín), 2005.

 

Esta tendencia reconoce al patrimonio industrial un valor intrínseco, es decir innato en la naturaleza arquitectónica del artefacto que ha resultado sometido a un proceso de obsolescencia funcional, pero no tipológica, tampoco estructural o debida a degradación material.

En estos casos esencialmente se trata de la aplicación de algunas categorías propias de la arquitectura (como la restauración funcional) que se basan en el reconocimiento del valor intrínseco del edificio como legitimación cualitativa. Por lo tanto es evidente que el uso con destino cultural que se da a estos edificios es algo muy pertinente.

Hablando de la segunda parte de este patrimonio, la que se ha engendrado con el fin de las demás revoluciones industriales, nos acercamos al fondo de la cuestión que queremos tratar.

Porque ante todo es evidente que la mayoría de las veces no estamos hablando de artefactos que en si mismo poseen un elevado valor artístico o arquitectónico. Además la naturaleza misma de estos edificios muchas veces no constituye elemento de gran valor, habiendo sido dichos edificios muy a menudo mal construidos y sujetos a poca o incluso inexistente manutención. De hecho, mientras la primera revolución industrial había parecido algo duradero (o incluso definitivo), ya se entendía perfectamente, a medida que las siguientes revoluciones iban alternándose, que estaríamos frente a fenómenos transitorios.

Lo grave es que muchos de estos edificios industriales han sido construidos utilizando materiales hoy considerados nocivos. Sin introducirnos en cuestiones medioambientales, queda que comprender por tanto el origen del valor que unánimemente hoy la sociedad atribuye a estos manufacturados industriales abandonados, un añadido comercial que resultaría inexplicable si sólo nos encomendáramos a motivaciones de calidad arquitectónica o a alguna evaluación económica de las superficies edificables en las áreas periféricas, zonas que básicamente presentan pocos motivos de interés económicos, pero por otro lado un enorme potencial (DRAGOTTO/INDIA 2007).

Además, si sólo nos basáramos en la diferencia entre los costes reales de saneamiento ambiental y una intervención de demolición y reconstrucción, muchas experiencias de cálculo confirmarían que se trata de un programa de inversión poco conveniente (CUNNINGHAM 2002).

Por lo visto el valor de estas manufacturas desciende de otros factores, que no siendo intrínsecos deben ser examinados en otra parte, o quizás, y está aquí que quisimos llegar, deben ser creados a propósito (BORIANI 1989).

Nos tenemos que dirigir a motivaciones de otro tipo, por ejemplo investigando en los comportamientos sociales, los que, en ausencia de una auténtica necesidad (de vida, de sobrevivencia, o funcionales), determinan la real demanda de un semejante bien de consumo.

 

FIG. 6 – Shed Architecture – Capitol Hill Loft, ejemplo de reconversión de un almacén industrial en un loft de 1700 metros cuadrados.

En los años ’70 en Nueva York por ejemplo empezó un fenómeno de fundamental importancia, al mudarse grupos de artistas a las afueras de la ciudad, estableciéndose en edificios industriales abandonados (muy económicos) que a la vez se transformaban en casas-taller. Así nacieron los loft. Desde allí el valor comercial de estos edificios, de los que Nueva York estaba llena, empezó a subir. El fenómeno, que puede resguardarse como una transposición industrial de las buhardillas parisinas que a empezar de la París de Haussmann fueron ocupadas por los artistas bohémiennes, asigna por tanto a esta intervención arquitectónica un valor añadido que transforma poco a la vez este tipo de vivienda pobre y sencilla en algo bastante solicitado (DALE 1978).

Poco a poco se entiende cómo la disciplina arquitectónica más aplicable para comprender el fenómeno no es la estimación cuantitativa, sino cualitativa junto a la arquitectura de interiores, con todo el aparato filosófico y conceptual que deriva de esta. Es decir que al no encontrar otras motivaciones externas, tenemos que investigarlas al ‘interior’, entendiendo con esta palabra un conjunto de cualidades íntimas de la arquitectura a estrecho contacto con la dimensión humana (CENTINEO 2010).

 

FIG. 7 – Una imagen de 798 Art District en Pekín, un viejo complejo industrial transformado en centro productivo artístico después de la mudanza de numerosos artistas, 2001.

 

FIG. 8 – Kang Rusong - Edificio industrial transformado en loft al interior de Factory 798, Pekín, 2001.


 

Desde un punto de vista tipológico no es casual que justo a partir de los años '70 la búsqueda arquitectónica se dirija a una serie de reflexiones "relacionadas con la decadencia de la ciudad industrial, al fracaso del zoning urbano y de aquel distributivo dentro de las viviendas" (CAMOCINI 2010).

Evidentemente la progresiva desaparición de la subdivisión interior de las viviendas empuja las mismas hacia la ausencia de parámetros distributivos, permitiendo de hecho un valor de flexibilidad absoluta de los edificios. Esta característica mantiene inalterada la naturaleza espacial distributiva que se aplicaba a la organización del espacio por finalidades industriales y productivas y asigna una serie de valores simbólicos al habitar contemporáneo. Antes de nada lo del espacio en cuyo interior la vida humana encuentra lugar y que se convierte idealmente en una fábrica, un lugar de producción y eficiencia, artística o productiva que sea.

Se cumple así la profecía de Le Corbusier, cuando hablaba de machine à habiter, cuya concretización formal más ceñida al asunto que tenemos entre manos se encuentra en el ejemplo de la Maison Ozenfant, una casa/estudio/taller que en el piso más alto hospeda un gran espacio iluminado por amplias cristaleras y por un techo a shed, a diente de sierra, típico de los edificios industriales.

 

FIG. 9 – Le Corbusier, Casa-estudio-taller para el pintor Amédée Ozenfant, Parìs, 1922.


 

Una doble profecía, no sólo porque este proyecto ocurre cincuenta años antes de que los lofts se estrenaran, sino también por preconizar de hecho la falta de un programa funcional específico en el habitar contemporáneo, dónde es más justo que el individuo renuncie a un espacio pensado a propósito para él, para en cambio rodearse libremente de un número indeterminado de objetos, espíritus del difuso carácter consumista de la sociedad contemporánea (MENDINI 2001).

Sólo falta un último fundamental paso: ¿cómo legitimar todo esto, absolviendose éticamente de la responsabilidad de haber generado e inmediatamente después de haber matado, una revolución industrial tras otra, lo que parecía un mundo perfecto y cumplido, el único porvenir posible?

Aquí aparece la palabra fundamental de nuestro discurso, arqueología, palabra que aplicada al nuevo contexto, el industrial, lo reviste de una nueva tarea, la de arché, principio generador. Matar las fábricas y la civilización industrial a través de complejos mecanismos posindustriales ha sido la mejor manera para consagrarlas a idea arquetípica inmanente, de la cual hoy por lo tanto hace falta hallar el rastro, la reliquia.

A este propósito algunos recientes estudios semióticos y socio-semióticos hablan de la importancia de la pátina, la huella del empleo continuo de parte del hombre, la que cuenta la fatiga, su trabajo y que transforma las simples cosas en objetos, y a la vez el objeto arquitectónico en un mausoleo de memoria (MARRONE/LANDOWSKI 2003).

Por esto los semióticos distinguen respecto a la pátina dos actitudes, la del arqueólogo y la del coleccionista (FONTANILLE 2003).

Lo primero es el científico interesado en devolver la facies filológica al objeto y por tanto para nada interesado en la pátina, que en la mayoría de los casos más bien remueve, y aún menos en el contexto de empleo del objeto.

El segundo, conducido por aspectos más emotivos, está más interesado en la acumulación de los objetos, cuyos series pertenecientes a la misma familia cuentan el contexto, declinando el objeto mismo en sus miles de historias posibles, hallando una memoria de empleo colectivo que revive en las huellas del tiempo y su empleo.

La arqueología industrial se coloca por tanto como punto de fusión entre estas dos posiciones extremas. Restableciendo la posibilidad de utilizar la manufactura arquitectónica, pero al mismo tiempo respetando las huellas de su empleo (óxidos, coladuras, materiales ‘cara a la vista’, máquinas y engranajes integrados en la albañilería, instalaciones a la vista), asume una posición ideológica que, no es casual, justo a partir de los años '70 empezó a difundirse, gracias a las teorías de la restauración de Amadeo Bellini y Marco Dezzi Bardeschi (1984).

 

FIG. 10 – Lin Jing, dormitorio en un loft en Chaoyangqu (Pekín), 2001.

 

A la luz de esta teoría, con el soporte de la contribución antitipológica del loft, manufacturas de origen industrial reviven y se revitalizan, elementos nuevos y reconocibles se introducen en el contexto primigenio, pero la pátina, elemento que asciende a un rol visual fundamental, no sólo queda, pero más bien en cierto sentido se vuelve protagonista de la naturaleza misma del espacio. Nada menos a veces está sometida a intervención de una esmerada restauración conservativa, dirigida a borrar el deterioro, pero no las huellas del desgaste de su continuo empleo.

Más bien estas últimas huellas asumen progresivamente un rol determinante, al punto de invadir progresivamente las superficies, a veces hasta con técnicas de decorado teatral, y justo como en un teatro son exaltadas por reflectores a la vista que transforman la casa del hombre en un plató teatral que pone en escena una (simulada) democracia en la que no hallamos una auténtica libertad de acción, creyendo ser protagonistas, pero siendo simplemente histriones siguiendo un guión preestablecido.

Este proceso se expande al mundo de los objetos, nuevos protagonistas del espacio neutral e impersonal del hombre (BAUDRILLARD 2003), cuyo proliferar da origen a fenómenos cuales el ‘modernismo de ocasión’, el vintage y el kitsch, sobre los cuales cada vez más a menudo se encuentran procesos de creación de una imagen vernácula y de las huellas de un falso empleo, gracias al trato material del decapado.

 

FIG. 11 – Fabio Novembre, Casa-estudio Novembre, Milán, 2004.

 

 

Conclusión

Por no hablar del nivel más profundo con que la pátina invade la vida del hombre: la moda, hoy más protagonista de una imagen ya vivida, de los cortes y descosidos en los vestidos, al desgaste de los tejidos, sobre todo aquellos tradicionalmente concebidos como uniforme de trabajo, los vaqueros o los zapatillas de deporte, por ejemplo, que por supuesto en este caso no vienen utilizados para su función originaria, siendo muy claro que quien quiere un vestuario adecuado para el trabajo o el deporte hoy se dirige hacia prendas de vestir tecnológicas.

De estas nuevas formulaciones descienden algunas orientaciones de la arquitectura y del diseño industrial, en la cumbre ya desde hace mucho tiempo, sobre las cuales haría falta hallar una teoría fundacional que pueda desatar la arquitectura de la precariedad de modas y tendencias, de la incertidumbre de los tiempos en que vivimos, incapaces de definir modelos arquitectónicos adherentes a modelos de vida, de renunciar al predominio de los aspectos visuales sobre aquellos formales, para hallar en cambio un sentido ético, cultural y funcional. El hecho mismo que en estas sintéticas líneas sólo por un tercio se ha recurrido a motivaciones histórico-arquitectónicas, hallando en cambio algunas argumentaciones válidas en argumentos económicos y semióticos, denota como este proceso se ha encaminado hasta ahora solo parcialmente.

 

 

Acknowledgments

This paper was presented at 6th EIMAD – Meeting of Research in Music, Art and Design, and published exclusively at Convergences.

 

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